3 de agosto de 2017

Y el laberinto tenía una salida por arriba


En mayo de este año analizamos el impacto que la propuesta del presidente venezolano Nicolás Maduro, de proponer una Convención Constituyente, había producido en el convulsionado panorama político de su país. En aquella nota intentamos describir la naturaleza y el modus operandi de las llamadas guarimbas. Sosteníamos:
En realidad, lo que ocurre es que un sector de la oposición que expresa a los sectores altos y altos medios de la sociedad venezolana pretende generar una situación de anarquía que 'justifique' una intervención extranjera, es decir norteamericana. Lo curioso de esta supuesta rebelión es que tiene lugar tan solo en los barrios en los que viven los sectores más acomodados de las ciudades. Es en esos, sus propios, barrios, donde jóvenes bien alimentados, munidos de máscaras antigases, camisetas y jeans de marca y los rostros cubiertos con pañuelos, salen casi a diario a quemar gomas, tensar alambres que cruzan la calzada a la altura de un motociclista, incendiar palmeras, mientras en el resto de la ciudad la gente vive su vida habitual. Es como sí, en Buenos Aires -para dar un ejemplo- se produjeran piquetes -guarimbas, les llaman en Venezuela- en la zona de la Recoleta y Barrio Norte, mientras en el resto de la ciudad, Barracas, Chacarita, Constitución, Mataderos, Flores, reina la más absoluta tranquilidad”.
La conocida artista popular Cecilia Todd ratificó, días atrás, en un mensaje de voz, este hecho, resaltando que la vida continuaba como de costumbre en las zonas del oeste de Caracas, mientras la población del este -los barrios ricos- estaban sometidos a la violencia terrorista de estas guarimbas.
En los últimos meses, esas guarimbas han ido aumentando su violencia, que incluye morteros, explosivos y armas de fuego de distinta índole. Se hizo cada vez más evidente la presencia en las mismas de elementos mercenarios, sobre todo en la región fronteriza con Colombia. Y como preveíamos en aquella nota, el llamado a una constituyente tomó completamente por sorpresa a una oposición torpe y soberbia, que viene anunciando la inminente caída del presidente Maduro desde hace más de dos años, así como en vida del Comandante Hugo Chávez anunciaba la inminencia de la muerte del chavismo.
Los argentinos hemos conocido esos anuncios fúnebres en distintas ocasiones, en el pasado y en el presente. Pero se trataba, en general, de gobiernos que ya no estaban en el poder. La oposición venezolana, formada por partidos que hace 25 años ignoraban la existencia de esa enorme masa de venezolanos “tierrúos”, que no figuraban ni en los censos, que carecían de documento de identidad, que no votaban, que eran trasparentes, jamás entendió el fenómeno chavista. Me he cansado de repetir en cuanta oportunidad he tenido que el chavismo no fue una revolución social. Fue, desde esta óptica, una revolución “física”: hizo opaco lo que hasta entonces era transparente. Logró que la luz se reflejase en esos millones de hombres y mujeres invisibles y los convirtió en presencia activa, ruidosa y, sobre todo, consumidora y votante. Esa incorporación social de millones de compatriotas y la democratización -es decir, el reparto en las capas más humildes de la sociedad- de la renta petrolera, a través de lo que llamó las “misiones”, más obras de infraestructura, vivienda y transporte, le dio al chavismo una imbatible base social, que guarda en su memoria histórica la marginación, la pobreza y la ignorancia en que los partidos de la vieja Cuarta República la condenaron.
La oposición, tomada de sorpresa por el llamado a una constituyente, respondió con una farsa electoral en la que no logró movilizar más que a un pequeño sector de la ciudadanía, en cantidades imprecisas, ya que no tuvo mejor idea que quemar todas las actas inmediatamente después de realizado el seudo comicio.
Obviamente, el conjunto de la prensa norteamericana, europea y latinoamericana -cuya unanimidad y sordidez constituye ya un escenario orwelliano- se ha encargado de presentar a la opinión pública una situación en la que los terroristas encapuchados, munidos de bombas, morteros y armas de fuego, que han quemado vivos a venezolanos desarmados e indefensos, por la sospecha de ser chavistas, son jóvenes idealistas y hambrientos luchando por el pan y la libertad. A su vez, y eso lo hemos podido ver hasta el hartazgo en nuestra degradada televisión que el gobierno de Maduro, que no ha hecho otra cosa que intentar defender la legalidad, dentro de criterios de prudencia y moderación, es definido apodícticamente como una feroz dictadura. No obsta a ello el hecho de que esa “dictadura” llame a elecciones, convoque a marchas multitudinarias y sea reconocida por una parte mayoritaria de la comunidad internacional.
El gobierno de Nicolás Maduro ha podido, es posible, cometer muchos errores y algunos desatinos. Es cierto que ni Nicolás Maduro ni Hugo Chávez pudieron hacer realidad la vieja propuesta de don Arturo Uslar Pietri de “sembrar el petróleo”, es decir convertir los excedentes generados por la exportación petrolera en inversión productiva que diversifique la economía venezolana y logre su paulatina industrialización. El petróleo, como reza la publicidad contra la drogadicción, es “una camino de ida”. La ensoñación que produce contar con una mercancía cuya realización permite comprar todas las otras mercancías posibles -el llamado síndrome de Holanda- es de un poder corrosivo tal que ha sido capaz de poner en jaque la producción industrial de un país que fue una de las cunas del desarrollo capitalista de Occidente. Como se sabe, el síndrome de Holanda se llamó al fenómeno por el cual, a poco del descubrimiento de yacimientos en el Mar del Norte, en ese país comenzó a decaer la producción industrial y a aumentar la importación de esa misma producción. Si eso ocurrió en la tierra de la Phillips, imagine el lector el efecto delicuescente que la aparición de una economía petrolera pudo tener en un país agrario, poco poblado, de población mayoritariamente campesina, con escaso desarrollo urbano e industrial, como era Venezuela en los años 20 del siglo pasado. El gran intelectual Mariano Picón Salas ha contado en algunos de sus libros el impacto y las transformaciones que sufrió la población caraqueña en los años 30 con la aparición de las grandes empresas petroleras norteamericanas e inglesas en aquellos años del gobierno de Juan Vicente Gómez. Venezuela dejó de tener agricultura y ganadería propias. Hubo un gigantesco desplazamiento de la población desde las zonas rurales al norte urbanizado. El resultado es que más del 85 % de la población reside en la franja costera que va de Zulia a Barcelona.
Mientras la política de Chávez logró mantener un alto precio internacional del petróleo, los excedentes permitieron mejorar la vida de los venezolanos más postergados, pero fue muy difícil, sino imposible, convertir la burguesía compradora -vinculada al negocio petrolero y a la importación- en una burguesía industrial que, con el apoyo del estado, fuese capaz de poner en marcha un proceso de industrialización, de diversificación productiva y de soberanía alimentaria. La caída de los precios del petróleo, inmediatamente después del fallecimiento del líder venezolano, más el carácter monopólico del sistema de distribución y las maniobras de agio llevaron a una crisis de abastecimiento de alimentos que el gobierno de Maduro pudo capear generando un sistema estatal de distribución con eje en los sectores más vulnerables.
En lo político, la situación llevó a una mayor participación de las Fuerzas Armadas en la gestión de gobierno, lo que dio a la administración una mayor eficacia y permitió consolidar el apoyo popular con que siempre contó el chavismo.
El triunfo electoral de la oposición en las elecciones legislativas le dio a la misma el control de la Asamblea Popular y, junto con ella, la ilusión de generar una situación de doble poder que fuese capaz de dividir -con apoyo del imperialismo- a las FF.AA. Ante la intransigencia de los militares en su lealtad chavista, los dirigentes de la oposición se convirtieron en lo que don Arturo Jauretche llamó la División “Animemosnos y Vayan”, y miles de jóvenes bien alimentados, criados en el odio profundo a Chávez y los chavistas y a todos los venezolanos “pata al suelo”, se lanzaron a tomar las calles de sus propios barrios. Es curioso, y la prensa se ha encargado de ocultarlo, que la mayoría de las víctimas que esos enfrentamientos han producido son de ciudadanos ajenos a los hechos, chavistas y miembros de las fuerzas de seguridad, mientras que entre las víctimas fatales de los guarimberos terroristas se cuentan los reiterados casos de accidentes producidos con sus propias armas.
Los más de ocho millones de votos del domingo 30 de julio, en las difíciles condiciones de hostigamiento en que se realizaron las elecciones, dejaron demostrado a quienes lo quieran ver, a los hombres y mujeres de buena voluntad, que el pueblo y el gobierno venezolanos quieren la paz y la institucionalidad.
El propio gobierno de los EE.UU. morigeró su crítica y su repudio al acto electoral, a la vez que archivó su amenaza de suspender las compras de petróleo. La asociación de productores, refinadores y distribuidores de petróleo y derivados de los EE.UU. advirtieron a su presidente que un bloqueo norteamericano paralizaría el suministro de combustible al propio país, ya que sus refinerías están adaptadas al crudo venezolano y cualquier cambio los obligaría a costosas y, sobre todo, largas modificaciones a la infraestructura existente.
A su vez, tanto Rusia como China han advertido su rechazo a cualquier ingerencia extraña en la política venezolana y, en estos días, se realiza un operativo naval en la zona del Caribe con la participación de portaaviones rusos y chinos, junto con la marina venezolana.
El secretario general de la OEA, el ex canciller uruguayo Luis Almagro, pretendió resucitar el viejo papel de “ministerio de colonias de los EE.UU.” de la organización -mote con el que la caracterizara el Che Guevara- y el ilegítimo gobierno de Temer en Brasil y el impopular gobierno de Mauricio Macri en la Argentina pretenden convertirse en los adalides de la lucha por la democracia en Venezuela. La cumbre del Mercosur en Mendoza dio por el suelo con la intención de expulsar a Venezuela de su seno, gracias a la negativa del presidente uruguayo de sumarse, así como así, a la trapisonda de los neoliberales.
Por otra parte, sectores claves en la oposición a Maduro como el bancario y bursátil, se han visto obligados a desanimar a los revoltosos, ante las pérdidas que todas esas jornadas han producido en sus negocios y las reprimendas que han recibido de sus casas matrices. Tampoco verían con mucho agrado la suspensión de las compras petroleras a Venezuela por parte de los EE.UU., habida cuenta que son parte beneficiada en esas transacciones. El dios Mamón, como se sabe, no se guía tanto por principios, sino por resultados.
A tres días de las elecciones no han vuelto a producirse guarimbas en Venezuela y ya los partidos más tradicionales de la oposición, como Acción Democrática, han anunciado su participación en los comicios legislativos y estaduales del próximo año.
Al parecer, el viejo consejo de Marechal de que “de todo laberinto se sale por arriba” ha vuelto a dar resultado.

Buenos Aires, 3 de agosto de 2017

28 de mayo de 2017

Cuidado con el neomoralismo anticorrupción


Samuel Pinheiro Guimarães es, en mi opinión, una de las cabezas estratégicas más importantes que dispone Brasil.
Diplomático formado en Itamaraty, posiblemente la mejor cancillería de América Latina, Pinheiro Guimarães es un convencido defensor de la alianza estratégica entre su país y el nuestro, un crítico a la hegemonía norteamericana y una pluma aguda e informada.
Este artículo que puede leerse completo aquí, expone bajo el título de Brasil no está solo en el mundo, una implacable visión acerca de el peligroso momento que atraviesa su patria.
1 La victoria ideológica, económica y tecnológica estadounidense sobre la Unión Soviética, la adhesión rusa al capitalismo, la adhesión de la República Popular China al sistema de instituciones ,económicas liderado por Estados Unidos y la apertura china controlada por las multinacionales llevaron a la consolidación de la hegemonía político-imperial de Estados Unidos.
2 Las directrices de la política hegemónica estadounidense son:
  • Promover los principios de la economía neoliberal, mediante acuerdos bilaterales y la imposición de las organizaciones multilaterales.
  • Mantener el liderazgo tecnológico y controlar la difusión de la tecnología.
  • Inducir al desarme y provocar una adhesión “forzada” de los países periféricos al sistema militar de Estados Unidos.
  • Inducir a que se adopten regímenes democráticos liberales, pero selectivamente, no para todos los estados.
  • Garantizar la apertura al control externo de los medios.
3 El tamaño, las características de su población y su mercado interno; el territorio y los recursos naturales (potenciado por los más recientes descubrimientos de nuevos yacimientos petrolíferos); su ubicación geográfica; el espíritu empresarial del Estado y del sector privado (BNDES, Petrobras, Vale do Rio Doce, Embraer), y la capacidad tecnológica en áreas de punta (energía nuclear, Embrapa, etcétera) han convertido a Brasil en un área de acción prioritaria para la política exterior de Estados Unidos, que viene articulando:
  • Un apoyo a la redemocratización política controlada por las clases hegemónicas de Brasil.
  • Lucha ideológica y mediática contra la política de desarrollo económico e industrial.
  • Apoyo a determinados movimientos sociales (ONG, etcétera).
  • Represalias contra las políticas nacionales de desarrollo (nuclear, informático, espacial).
  • Lucha ideológica para la implementación de las reglas del Consenso de Washington.
  • Disciplina fiscal, reducción del gasto público, reforma tributaria.
  • Apertura comercial, inversión extranjera sin restricciones, privatizaciones, desregulación económica y laboral, derechos de propiedad intelectual.
4 La implementación, entusiasta y excesiva, de medidas económicas, políticas y militares —difundidas por parte del mundo académico, medios de comunicación y funcionarios de Estados Unidos—, durante los gobiernos de Fernando Collor y Fernando Henrique Cardoso, en un entorno de subdesarrollo —caracterizado por enormes disparidades sociales, fragilidad relativa de las empresas de capital nacional, vulnerabilidad externa de la sociedad—, contribuyó al fracaso de esas políticas, que llevaron a una agudización de la concentración del ingreso, el deterioro de la infraestructura y el aumento de la violencia social. La impopularidad de este modelo permitió la victoria de los movimientos políticos progresistas, que destronaron del poder a los gobiernos de Menem, Batlle, Carlos Andrés Pérez, Fernando Henrique Cardoso, Sánchez de Lozada y Carlos Mesa.
5 La elección de Lula puso en riesgo el objetivo de Estados Unidos de implementar políticas neoliberales en toda América Latina.
6 La articulación política y económica de Lula/Kirchner/Lugo/Correa/Evo/Chávez reforzó la necesidad, para Estados Unidos, de una reacción estratégica.
7 Estados Unidos, en cooperación con aliados internos en cada uno de estos países, inició campañas de desestabilización política.
8 En Brasil dicha campaña se inició con el proceso conocido como mensalão y con la aceptación por parte de la Justicia de la “doctrina del dominio del hecho”, aplicada contra José Dirceu, de manera ejemplar, en tanto posible sucesor de Lula.
9 A pesar de la campaña contra Lula y contra el PT, los índices de popularidad de ambos llegaron a niveles récord, y permitieron la elección de Dilma Rousseff.
10 El gobierno de Rousseff, sin capacidad política, adhirió gradualmente al programa neoliberal de ajuste fiscal y de achicamiento del Estado.
11 La incapacidad de articulación política y movilización social facilitó el desarrollo y el éxito del proceso de impeachment contra Dilma.
12 Por su parte, la Operación Lava Jato (coordinada entre el departamento de Justicia estadounidense y agencias de inteligencia como la NSA, la CIA y el FBI) puso en riesgo el orden jurídico y propagó el odio en la sociedad brasileña mediante procedimientos ilegales como las detenciones arbitrarias, las delaciones de criminales confesos, la desestimación del principio de presunción de inocencia y la manipulación de la opinión pública contra las personas delatadas. Todo esto se llevó adelante con la complicidad de la Corte Suprema y sirvió como instrumento de ataque al PT y a la candidatura de Lula.
13 La gradual autonomía y el fanatismo moralista del equipo de fiscales de Curitiba derivó en denuncias contra otros políticos, en especial del PMDB y del PSDB.
14 La característica de “radicales libres” y el conflicto con el procurador general dieron lugar a la investigación contra Temer por parte de la Policía Federal (también radical) y, como la Procuraduría General, aliados principalmente del PSDB contra el PMDB.
15 Los objetivos básicos de las clases hegemónicas brasileñas, en estrecha articulación con las clases hegemónicas estadounidenses, son:
  • Consolidar legislativamente, preferentemente en la Constitución, las políticas neoliberales del Consenso de Washington.
  • Reducir la posibilidad de victoria de Lula en 2018 y la victoria de los candidatos progresistas en las elecciones para el Congreso.
  • Impedir que el nuevo gobierno revea las reformas conservadoras, en especial la Enmienda Constitucional 95 (nuevo régimen fiscal).
  • Reducir la capacidad de acción, externa e interna, del Estado brasileño.
  • Destruir la política sudamericana de formación de un bloque regional y la inclusión en el Consejo de Seguridad de la ONU.
  • Integrar a Brasil a la economía estadounidense y garantizar la aplicación obligatoria en Brasil de las políticas económicas neoliberales.
  • Impedir la industrialización de Brasil por parte de empresas de capital brasileño.
  • Consolidar un programa económico ultraneoliberal a través de compromisos internacionales, empezando por la adhesión de Brasil a la OCDE.
16 Michel Temer, por imprudencia, puso en riesgo la credibilidad del proceso de aprobación legislativa de dicho programa, al dejarse grabar por la Policía Federal en conversaciones de carácter ilícito.
17 Para las clases hegemónicas, claramente minoritarias, ahora se trata de sustituir “funcionarios”, empezando por Temer, y poner al frente de este proceso de reformas a otros “funcionarios” menos involucrados en el sistema tradicional de adquisición y control del poder político (segundas cajas, compra de votos, propinas a partidos y personas, etcétera).
18 La decisión de sacar a Michel Temer por causa de esas grabaciones difíciles de refutar ya fue tomada por las clases hegemónicas, tal como lo revela la editorial de primera página del diario O Globo y, por lo tanto, de todo el sistema de comunicación Globo.
19 Las posiciones de Folha de São Paulo y de Estado de São Paulo reflejan todavía cierta ausencia de consenso, pero no se comparan en términos de impacto con la posición que ya adoptó Globo.
20 Las clases hegemónicas todavía no decidieron cómo se procesará la sustitución de Michel Temer.
21 Para las clases hegemónicas, la cuestión política esencial es evitar las elecciones directas anticipadas. Por lo tanto:
  • El proceso en el Tribunal Supremo sería demasiado largo y permitiría la movilización popular.
  • La decisión del Tribunal Electoral conduciría a elecciones directas.
  • La solución más viable y más oportuna sería negociar la renuncia con Temer, la “recompensa” que recibiría por servicios prestados y también su inmunidad.
22 Tampoco se ha resuelto todavía el asunto de la sucesión de Temer; el PSDB está preparado para asumir el poder y el PMDB para resistir.
23 En elecciones indirectas los candidatos más probables serían Tasso Jereissati, del PSDB, y Nelson Jobim, del PMDB.
24 Los objetivos estratégicos de las clases hegemónicas, que orientan y controlan a sus “funcionarios” en el sistema político, siguen siendo los mismos: acelerar las “reformas” ultraneoliberales. desmoralizar a Lula y al PT, y construir un candidato “gestor” y apolítico, como João Doria, para 2018.
25 La operación de la Procuraduría General y de la Policía Federal dejó fuera de competencia a un candidato más “político” como Aécio Neves (en la práctica, Serra ya no está en carrera y Alckmin será “apartado” por Doria).
26 Las clases hegemónicas dan por descontado que Lula, incluso ganando en elecciones directas, estará maniatado por la enmienda constitucional 95.
27 Cuanto antes Michel Temer deje el poder, peor será para la oposición, ya que su salida acelerará la aprobación de “reformas”.
28 Por lo tanto, lo que interesa ahora es demorar la salida de Temer, como forma de obstaculizar y retrasar la posible aprobación de las reformas.
29 La lucha por elecciones directas es crucial para movilizar activistas y dar a conocer los efectos de estas reformas.
30 El realismo: la caída inmediata de Temer es funcional a los intereses de las clases hegemónicas, como ya sucedió con la salida de Eduardo Cunha de la presidencia de la Cámara de Diputados”.
Agrego a este clarísimo informe de situación la campaña de desprestigio, vinculada a la hipócrita campaña contra la corrupción, contra las dos más grandes empresas brasileñas que operan a escala global: Odebrecht y JBS, el gigante de las carnes. Estas dos empresas, como, en otro campo, la argentina Techint, constituyen el más alto exponente de nuestro capitalismo periférico. Dentro de la actividad privada y diferenciadas de las grandes empresas estatales, como Petrobrás o YPF -aunque con un destino atado a la suerte de ellas-, estos grandes grupos lograron convertir el trabajo de su propio país en un capital capaz de actuar en el altamente competitivo mercado mundial.
Las clases hegemónicas -para usar la terminología de Pinheiro Guimarães-, vinculadas al predominio norteamericano y guiadas por el capital financiero, saben que el capitalismo funciona en el mundo entero con una alta dosis de corrupción, compra de voluntades, comisiones, blanqueado de dinero, paraísos fiscales y demás creaciones benéficas. Todos sabemos que toda la actividad política en toda América Latina y en todas las carpas se financia con estas inevitables grietas con las que funciona el sistema.
La hipocresía de unos políticos moralistas sostenidos en el capital financiero, el interés compuesto y la usura internacional -verdaderos apóstoles de la virtud- han encontrado la forma de sacarse de encima a los partidos políticos populares y a su dirigencia, con las denuncias de corrupción. Pero también de sacar del tablero las pocas empresas que han logrado proyectarse en el mercado internacional de grandes proyectos estructurales, de alta tecnología y valor agregado.
La propuesta de Pinheiro Guimarães de no dejarse arrastrar, en aras de esta ola de neomoralismo cínico, a una demasiado temprana renuncia de Temer, que solo favorece a los sectores políticos cuyo objetivo es postrar al Brasil y, por ende, a la Argentina y al resto de Suramérica.


Buenos Aires 28 de mayo de 2017

19 de mayo de 2017

O Globo contra Temer: Un nuevo golpe financiero en el golpe brasileño

Mi amigo, el sociólogo carioca Gilberto Filisberto Vasconcellos, me escribió en agosto del 2011 lo que sigue:
...variante portuguesa, el Brasil es un enigma para los latinoamericanos. Intelectualmente todos comemos gato por liebre. Muchas veces lo que aquí es importante no llega a nuestros hermanos, y viceversa, porque es el imperialismo quien se hace cargo y filtra los contactos culturales y el turismo académico, programado por la burguesía bandeirante, que siempre fue enemiga de la Patria Grande. No nos olvidemos: el golpe del 64 es un golpe civil mentalizado en los escritorios de la FIESP paulista”.
Pese a la intensidad que la relación con el Brasil ha tenido durante estos últimos años, los últimos acontecimientos no dejan de estar oscurecidos por esos filtros que introduce la prensa imperialista y los comunicadores a su servicio. La niebla es aún más densa cuando todo lo ocurrido se oculta detrás de la hipócrita campaña contra la corrupción.
El 12 de mayo del año pasado asumió interinamente la presidencia de la República del Brasil, el hasta ese momento vicepresidente Michel Temer. La dos veces electa presidenta Dilma Roussef debió someterse a un oprobioso juicio político, por una cuestión puramente técnica -haber usado un dinero del presupuesto público asignado a una específica cuenta de gasto para otro gasto. El 31 de agosto de ese mismo año, Temer se convertía en presidente, al ser destituida la presidenta legítima, sin que se le pudiese probar un sólo acto de deshonestidad administrativa.
Michel Temer es un abogado paulista, de origen libanés, profesor de Derecho Constitucional en la Universidad Católica de San Pablo y presidente del PMDB, uno de los dos partidos creados por la dictadura militar de 1964. Quizás sea necesario recordar que la dictadura militar brasileña se caracterizó por el mantenimiento de ciertas formalidades republicanas, como el funcionamiento del Congreso. Se crearon dos partidos. Uno que representaba directamente a la estructura política y social de la dictadura, el ARENA, y otro que debía expresar a la oposición tolerada, el MBD.
El general Golbery do Couto e Silva fue un militar brasileño, nacido en Río Grande do Sul, inspirador del golpe de 1964. Desde su cargo de Jefe de la Casa Civil de la Presidencia de la República fue el encargado de diseñar los nuevos partidos brasileños que funcionarían en el restablecimiento de las garantías democráticas. De su gestión nacieron el Partido Demócrata Social (PDS), sucesor del oficialista ARENA, conocidos como “los tucanos”, y el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMBD) de Ulysses Guimaraes, continuador del MBD. Este es el partido que actualmente preside Michel Temer.
Si “los tucanos” son la expresión acabada de la plutocracia paulista, el MBD, en cambio, expresa ese gigantesco oceáno de los sectores medios, profesionales y de servicios, dentistas y propietarias de casas de modas, pastores evangélicos de enorme capacidad de acumulación financiera y profesoras de escuelas secundarias de ese vasto mundo que son los estados federales. Es una gigantesca masa de maniobras sobre la que actúa el capital financiero y el imperialismo y permite controlar el desborde popular de un país con terribles desigualdades. Sus políticos son hombres -muy pocas mujeres figuran en su lista de dirigentes- de una brutal inescrupulosidad, de una incontrolable pulsión al ascenso social por cualquier medio y de una hipocresía casi sin límites.
Pero, por otra parte, vivimos bajo el capitalismo, que es un sistema que no se caracteriza por la moralidad de sus actos. Brasil tiene dos grandes empresas privadas a escala global. Una de ellas es Odebrecht, un conglomerado de la industria de la construcción con obras y contratos en el mundo entero, sobre todo en América Latina. La otra es JBS, una empresa de tratamiento y comercialización de carnes, también a escala global y que ha ocupado el lugar que otrora tuviera, por ejemplo, la Swift inglesa. Considerada la mayor empresa del mundo en el rubro es la dueña de, por ejemplo, la productora de nuestros populares Paty, las albóndigas aplastadas que comenzaron a hacerse populares en la década del 60 del siglo pasado.
En realidad, lo que el tamaño de la empresa revela es el dinamismo de la burguesía brasileña, en comparación al parasitismo rentístico de nuestra oligarquía pampeana que, habiendo liderado la producción cárnica fue incapaz de generar una industria derivada que pusiera valor agregado a los tiernos pastos naturales de nuestra pradera. Históricamente, la producción ganadera brasileña estaba destinada al mercado interno y, por ello, no generó las condiciones rentísticas que caracterizan nuestra producción agraria. Así fue capaz de dar lugar a una burguesía basada en ese gigantesco mercado y luego en condiciones de actuar internacionalmente. En realidad, el papel de nuestros grandes ganaderos pampeanos lo cumplió en Brasil la plantación cafetalera, integrada, esta sí, al mercado internacional. El varguismo en los años 30 expresó el triunfo de aquellos sectores contra los últimos mencionados.
Esas grandes y exitosas empresas han repartido coimas, prebendas y sobornos en el mundo entero. Así funciona el mundo y no son su propietarios, accionistas o beneficiarios los destinados a cambiarlo.
Pero el capital financiero, sabemos, es altamente moralista. Marx lo describe así: La aristocracia financiera, tanto en sus métodos de adquisición, como en sus placeres, no es más que el renacimiento del lumpen proletariado en las cumbres de la sociedad burguesa”. El lumpen proletariado es, en la terminología alemana de la época, sinónimo de hampa, bajo fondo. Y esos hampones lanzan una hipócrita campaña de moral pública y honestidad, con la intención de recuperar el poder que consideran haber perdido con las presidencias de Lula y Dilma. Y ponen al frente a uno de ellos, a un político venal y corrupto, con la tarea de moralizar el Estado, es decir desarticularlo de manera tal que el hampa financiera se haga cargo definitivamente del mismo.
Y así comienza la segunda etapa del copamiento mafioso del estado brasileño.
El repudio que causaron las políticas neoliberales, de ajuste y caída del salario y la ocupación en la sociedad brasileña no hicieron otra cosa que agigantar la figura del jefe del Partido de los Trabajadores a quien ha sido imposible, tal como a Dilma, vincular a ningún negocio espurio o ventaja indebida a raíz de su cargo público. El período de Temer vence en un año y todas las investigaciones demuestran que su triunfo electoral sería inevitable. Un gobierno desprestigiado, un gabinete oscuro y sospechado, con los presidentes de ambas cámaras procesados por corrupción, y una población en abierta, aunque sorda y contenida, rebeldía frente al escamoteo institucional llevaba al país a un retorno del hombre que eliminó el hambre del inmenso pobrerío.
O Globo, el monopolio mediático más grande de América Latina, con una influencia y poder al lado del cual el Grupo Clarín es uno de los siete enanitos, decide lanzarse contra Temer con la misma frialdad y osadía que se lanzó contra Dilma. Los hermanos Joesley y Wesley Batista, los dueños de JBS, antes de radicarse en los EEUU, habían entregado al Superior Tribunal Federal de Brasil una grabación en la que el presidente en ejercicio, Michel Temer, autoriza el pago de una enorme suma de dinero al ex presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, preso por corrupción, para que apague el ventilador y deje de hacer denuncias. 
Simultáneamente con la publicación de la grabación anuncia que el presidente Temer renunciará a su cargo.
La crisis se ha desatado. Pero ¿para qué?
La clave nos la dio Leonel Brizola Neto, en la entrevista que le hicimos en Radio Gráfica, junto con Gabriel Fernández y Jorge Thierbach. El nieto del dirigente nacional del Partido Democrático Trabalhista y heredero de la tradición getulista en Brasil nos explicó, mientras participaba del acto masivo que se realizaba en ese momento en la Plaza Candelaria de Río de Janeiro, lo siguiente:
  • La intención de O Globo es obligar a la renuncia de Temer.
  • Ante la situación de procesados que ostentan los presidentes de ambas Cámaras, que son sus sucesores institucionales, el poder debe pasar de manera provisional al presidente del Supremo Tribunal Federal, Carmen Lucia Antunez Rocha.
  • A partir de ese momento comienza a funcionar lo establecido por el Art. 81, inciso 1 de la Constitución Nacional: “Produciéndose las vacantes (de presidente y vice) en los dos últimos años del período presidencial, la elección para ambos cargos será hecha treinta días después de producida la última vacante, por el Congreso Nacional, en la forma de la ley.
Es decir, lo que se busca es el nombramiento de un nuevo presidente por parte del Congreso, cuyos integrantes, en una gran medida, están amenazados por el sistema mediático debido a su participación en las cobranzas del particular sistema jubilatorio formado por coimas y sobornos.
En suma, lo que O Globo lanzó no es otra cosa que un golpe, dentro del golpe iniciado hace un año con la asunción interina de Temer.
De ahí que la exigencia de las manifestaciones populares que han comenzado a producirse en Brasil sea “Elecciones Directas Ya”, objetivo que no es fácil, porque para ello el Congreso debería enmendar la Constitución.
En suma, el ataque contra el corrompido presidente Temer tiene como objetivo profundizar la política que ha llevado adelante Temer y generar condiciones que eviten el triunfo de Lula o, si se pudiera, posterguen indefinidamente esas elecciones.
De la capacidad de movilización de los brasileños, especialmente del PT, y de la presión que se pueda hacer sobre el Congreso, dependen en gran parte la continuidad del sistema democrático en el Brasil. Por ahora, los militares, muy escaldados con el golpe del 64, parecería que no quieren lola.
Buenos Aires, 19 de mayo de 2017

18 de mayo de 2017

Mauricio Macri, el Marco Polo del Nuevo Mundo


La pregunta del millón es, en mi modesta opinión, si está bien o mal el restablecimiento de los acuerdos económicos y financieros con China, acordados oportunamente por CFK, y que, en su iconoclastia antikirchnerista y proyanqui, el gobierno de Macri denunció en los primeros días de su gobierno.

China parece ser la única gran potencia económica en condiciones de reemplazar al Imperio Británico en su complementación con la Argentina agroexportadora. Ese encastre perfecto que lograra la generación del 80 con Gran Bretaña, como resultado de la prodigiosa feracidad de la pampa húmeda, nunca pudo ser reeditada con la potencia emergente de la Segunda Guerra Mundial, los EE.UU. La competencia de nuestra producción agraria con la norteamericana generó permanentes roces, desde los años cuarenta en adelante. Es más, gran parte de la belicosidad de la administración demócrata en los primeros tiempos del peronismo, se basaba en la política generada por el entonces vice presidente yanqui, Henry A. Wallace, un representante y lobbysta de los estados agroproductores del Medio Oeste.

Nuestra clase dominante, la histórica y tradicional oligarquía, adhería ideológicamente al occidente capitalista planteado por la Guerra Fría, pero el paulatino deterioro de los términos de intercambio, la intensificación agraria inglesa y europea y, sobre todo, la producción capitalista agraria norteamericana, no le permitieron reeditar la Edad Dorada de la complementación inglesa.

Arturo Jauretche, Jorge Abelardo Ramos y, en años más recientes y en trabajos más sistemáticos, Mario Rapoport han explicado ampliamente esta insoluble dificultad. La “crisis de los limones” -para usar una expresión risueña y ambigua- es la manifestación más reciente de esta competitividad irreductible.

Ahora bien, China, por razones que no viene al caso enunciar, ha logrado en los últimos dos decenios ocupar el papel de aquel hoy percudido Imperio Británico. Es más. La información periodística, escasamente divulgada en Argentina, apunta a que el nuevo Celeste Imperio está dispuesto a invertir, directa o indirectamente, para abaratar costos de transporte, en obras de infraestructura. 

Ferrocarriles, caminos, centros de almacenamiento, puertos y centrales de energía son las áreas en donde la inversión o la financiación china puede lograr que las commodities locales lleguen con un mejor precio a los consumidores orientales.

El giro -inesperado para el gobierno tontamente ideológico de Mauricio Macri- de la política norteamericana, con la llegada de Donald Trump, el desguace del Tratado del Pacífico y el nuevo planteamiento del Tratado Transpacífico dejaron a los egresados del Newman sin el recurso mágico de la lluvia de inversiones.

Y ahí estaban los acuerdos firmados por Cristina y, sobre todo, ahí estaba don Franco Macri, instalado hace años en su penthouse de Shangai. Decíamos en una nota de hace unos años, refiriendonos al padre de nuestro actual presidente:

Cuando Franco Macri, desde su piso en Shangai, dice que le gustaría que el próximo presidente sea de la Cámpora, lo que hace es pegarle una bofetada pública a la moralidad del establishment. Les dice 'ustedes son unos pacatos, apretados por la moral de sus esposas, a las que tienen que soportar y pagar fortunas en pavadas, en lugar de lanzarse a la aventura de multiplicar los bienes que hemos recibido bajo la forma de invertir, pagar salarios, producir y vender. La Cámpora les hará entender cómo son las cosas', agrega sin estar convencido.

Sabe que su hijo es una consecuencia del precio que tuvo que pagar ante el establishment para ser reconocido: casarse con una mujer de la oligarquía y mandar a su hijo al Cardenal Newman, donde toda la vida lo llamaron 'el hijo del tanito con plata'. Tampoco va a decir que no lo voten. Simplemente dice que no tiene 'corazón de presidente'. Ese viejo, a su modo, es un genio.

Claro que, 'digo es un decir si España cae', si ganase contra su propio pronóstico, su hijo, trataría de hacer negocios con su gobierno. Pero eso es como en el cuento del alacrán, está en el carácter. Carácter que, por diversas razones, en nuestros países, suele ser muy poco frecuente”.

Hoy sabemos que cayó España, para citar a Vallejo, o que los bárbaros han llegado, para darnos corte con Kavafis, y don Franco mantiene su muy burguesa avidez por los negocios. Denunciar que en esos negocios el ganará dinero es como descubrir la capacidad de mojar que tiene el agua. También lo hacía con Cristina.

La duda, que es casi una convicción, que nos asalta es que esa negociación en manos de un gobierno de apátridas, torpes y sin densidad nacional, nos saldrá mucho más caro que lo estrictamente necesario. 

China, a diferencia del Reino Unido, no pretende quedarse ni con los ferrocarriles, ni con los puertos, ni con las centrales eléctricas, ni siquiera con la distribución de la misma, como sí lo hicieron los ingleses. Pero la ineptitud de estos burgueses con conducta oligárquica, rentística y especulativa, puede hacerle cambiar de idea a nuestros socios orientales, que a diferencia de nuestros liberales, son famosos por haber construido una muralla que los aislara de las acechanzas del mundo hostil y ajeno, y se dedicaron a construir hacia adentro una nación y una cultura.

Incluso una buena política posible es, en manos de esta gente, una nueva posibilidad de sumisión y vasallaje.

Buenos Aires, 17 demayo de 2017

3 de mayo de 2017

El laberinto venezolano y una nueva Constitución


En su noche toda mañana estriba:
de todo laberinto se sale por arriba
Leopoldo Marechal
Venezuela vive, desde hace meses, una situación que, vista de lejos, da toda la impresión de un enfrentamiento que orilla la guerra civil. 
En realidad, lo que ocurre es que un sector de la oposición que expresa a los sectores altos y altos medios de la sociedad venezolana pretende generar una situación de anarquía que “justifique” una intervención extranjera, es decir norteamericana. Lo curioso de esta supuesta rebelión es que tiene lugar tan solo en los barrios en los que viven los sectores más acomodados de las ciudades. Es en esos, sus propios, barrios, donde jóvenes bien alimentados, munidos de máscaras antigases, camisetas y jeans de marca y los rostros cubiertos con pañuelos, salen casi a diario a quemar gomas, tensar alambres que cruzan la calzada a la altura de un motociclista, incendiar palmeras, mientras en el resto de la ciudad la gente vive su vida habitual. Es como sí, en Buenos Aires -para dar un ejemplo- se produjeran piquetes -guarimbas, les llaman en Venezuela- en la zona de la Recoleta y Barrio Norte, mientras en el resto de la ciudad, Barracas, Chacarita, Constitución, Mataderos, Flores, reina la más absoluta tranquilidad.
La oposición, rejuntada en la MUD, es de una enorme torpeza y mediocridad, y está dividida por rencillas, ambiciones, alcahueterías y cotilleos de camarín de teatro burlesco. Toda su esperanza está depositada en que un pronunciamiento de la OEA lleve a una intervención de los EE.UU., como ocurriera en la década del 60 del siglo pasado con la República Dominicana del coronel Caamaño. Pero, Venezuela no es una isla, tiene petróleo -que nunca ha dejado de abastecer a las estaciones de servicios norteamericanas- y cuenta con un poderoso ejército que, hasta ahora, permanece incólume en defensa del proceso bolivariano. En ese sentido ha sido particularmente lamentable el papel jugado por el uruguayo Luis Almagro, en su carácter de Secretario General de la OEA. Tan unilateral y golpistas han sido sus participaciones, que no ha logrado sacar de la OEA, que no es ya la de los años 60, más que una abstracta e inocua declaración.
El propio Papa Francisco, que ha intentado a través de representantes personales, establecer una mesa de diálogo entre el gobierno y la oposición, ha declaraod hace muy pocos días que es en el seno de la MUD donde radica la más dura resistencia a una solución consensuada. Estas declaraciones papales han generado una tormenta de airadas réplicas por parte de dirigentes como Freddy Guevara o la señora Lilian Tintori, una rubia paqueta y tonta, convertida en una especie de Novia Olvidada que recorre las capitales en busca de apoyo. Esta nueva dirigencia fogonea desde las redes una campaña sumamente violenta, llamando a una insurrección piromaníaca que, como hemos dicho, termina incendiando el barrio en el que viven. La provocación de estos sectores ha sido permanente. Llegaron al extremo de intentar ocupar el aeropuerto militar de La Carlota, en pleno Caracas, y rápidamente denunciaron en las redes sociales que eran salvajemente reprimidos por el ejército con... disparos al aire.
En medio de este violento batiburrillo, el presidente Nicolás Maduro encontró en la Constitución de 1999, la actualmente vigente, la posibilidad de un llamado a una Asamblea Constituyente destinada a reformarla. En efecto el artículo 347 establece:
El pueblo de Venezuela es el depositario del poder constituyente originario. En ejercicio de dicho poder, puede convocar una Asamblea Nacional Constituyente con el objeto de transformar el Estado, crear un nuevo ordenamiento jurídico y redactar una nueva Constitución”.
A su vez, el siguiente artículo determina:
La iniciativa de convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente podrán tomarla el Presidente o Presidenta de la República en Consejo de Ministros; la Asamblea Nacional, mediante acuerdo de la dos terceras partes de sus integrantes; los Consejos Municipales en cabildo, mediante el voto de las dos terceras partes de los mismos; o el quince por ciento de los electores inscritos y electoras inscritas en el registro civil y electoral”.
De alguna manera, ante la negativa al diálogo de una oposición empecinada en derrocarlo por cualquier medio, Maduro logra cambiar la conversación. Si lo que preocupa a la oposición es la falta de democracia -caracterizaron siempre al gobierno de Chávez y, ahora, al de Maduro, como una dictadura- ofrece a la oposición la oportunidad de confrontar en una Asamblea Constituyente, previa elección de un poco más de 500 convencionales.
Al parecer, según diversas encuestas, más del 80 % de la población quiere un diálogo y un punto final a las guarimbas y los actos de violencia. Pero la violenta presión mediática y social de la pequeña minoría vinculada cultural y socialmente a Miami, hace díficil la expresión abierta de esta opinión. Los ataques a comerciantes que, en los barrios del Este, han pedido públicamente el cese de los desmanes ha llegado como noticia incluso a la propia CNN. Días atrás se conoció una conversación telefónica de la esposa del veterano dirigente adeco Henry Ramos Allup -un astuto y experimentado político con más de cuarenta años en la escena pública- donde la mujer le expresaba a su padre -un importante empresario de la construcción- la inutilidad y el desborde de las guarimbas y el camino sin salida al que se enfrentaban.
De la capacidad del chavismo y del gobierno en lograr que esa inmensa mayoría que quiere vivir en paz se exprese libremente depende, sin duda, la salida de la actual encrucijada.
Comenzamos la nota citando al gran poeta argentino Leopoldo Marechal. Queremos terminar con la continuación de ese mismo verso, que es, también, un llamado de atención:
si el alto Amor lo quiere. Pero la Ciencia dijo:
En horas de tiniebla no te apresures, hijo.”

Buenos Aires, 2 de mayo de 2017

23 de abril de 2017

Una victoria táctica de Maduro y la política del caos de Trump

Inicio con este artículo mi colaboración con el sitio Mucho más que Dos, donde semanalmente intentaré ofrecer algunas reflexiones sobre la política latinoamericana e internacional desde la perspectiva de los intereses argentinos y la integración latinoamericana.

La situación venezolana
El gobierno de la República Bolivariana de Venezuela, presidido por Nicolás Maduro, ha venido recibiendo enormes embates tanto en el plano interno como internacional. El triunfo electoral de la oposición en las elecciones legislativas, con el resultado de una mayoría integrada por los partidos antichavistas, generó una situación de enorme enfrentamiento y de virtual doble poder.
Los diversos errores cometidos por el chavismo -sobre todo en el área económica-, más las maniobras imperialistas tendientes a la baja del precio del petróleo -única fuente de divisas de la economía venezolana- generaron una situación de crisis económica y de abastecimiento -sostenida y profundizada por maniobras de agio con el dólar y los alimentos -caracterizados por el gobierno de Maduro como de guerra económica- que llevó a cuestionar la inmensa mayoría popular y electoral que el chavismo había conquistado. La oposición, caracterizada por una total dependencia política y económica del Departamento de Estado y un rampante odio clasista y racista contra el chavismo, se lanzó a una permanente provocación institucional y política, en constante cuestionamiento a las normas constitucionales. El objetivo ha sido durante todo el tiempo generar una división en el seno de las Fuerzas Armadas Bolivarianas y un golpe de Estado que impusiese una dictadura de la burguesía compradora y el imperialismo. Su torpeza, su improvisación, sus ambiciones personales y grupales fueron algunas de las principales dificultades que encontraron para la realización de este objetivo.
Por su parte, el gobierno de Maduro logró, lentamente, mejorar la situación económica más sensible. Logró hacer desaparecer el desabastecimiento y las mafias del contrabando y el agio con las divisas, reconquistando en buena parte el apoyo popular.
Después de los fracasos en lograr un repudio unificado al gobierno de Maduro por parte de la OEA, del deplorable papel jugado por su secretario general, el uruguayo Luis Almagro -diplomático de carrera vinculado al Partido Demócrata norteamericano-, la oposición y el sistema planetario de comunicación imperialista anunciaron para este 19 de abril, aniversario que corresponde a nuestro 25 de Mayo, un combate definitivo que terminaría con el gobierno. En el interín, circulaban intensos rumores sobre levantamientos militares en distintas guarniciones, denuncias por la oposición de actos de violencia gubernamental y anuncios oficiales de desmantelamiento de células extranjeras terroristas. La noche del martes 18 de abril el presidente Maduro, en un acto transmitido en cadena, y acompañado por los principales dirigentes de su gobierno, entre ellos, Diosdado Cabello -hombre decisivo en la relación con las Fuerzas Armadas Bolivarianas- , convocó a la Milicia Popular y anunció la posibilidad de graves alteraciones del orden público para el día siguiente. El ambiente social y político era de exasperante tensión.
El miércoles 19 de abril, a partir de la media mañana, comenzó la más importante movilización popular realizada en Caracas -y en el conjunto del país- desde el fallecimiento de Hugo Chávez. Miles y miles de venezolanos salieron a las calles, desde distintos puntos de encuentro, y marcharon hasta el centro de Caracas con sus camisas rojas y las banderas mirandinas. La concentración fue extraordinaria. La CNN habló de medio millón de personas, lo que permite sostener que la cifra superó ese número hasta llegar al millón.
La proclamada rebelión militar no fue más que la deserción de tres jóvenes tenientes, que viajaron a Colombia, y a la presencia de los seguidores chavistas se le sumó la movilización de miles de integrantes de las Milicias Populares -un organismo creado por ley en época de Chávez-.
La oposición también realizó una importante movilización en Caracas y otras ciudades. Los casos de violencia que determinaron la muerte de, según se dice, ocho personas son muy confusos. El joven muerto en Caracas fue el resultado de un atraco, mientras que la mujer fallecida en Táchira lo fue por un disparo hecho, desde un edificio, por un militante opositor, que ya fue detenido.
La jornada fue un rotundo éxito del presidente Maduro y del chavismo. La presencia multitudinaria y popular en las calles consolidó, si ello era necesario, la unidad de las Fuerzas Armadas -que junto con el apoyo popular es la garantía de continuidad de la revolución chavista- y su apoyo al gobierno. Contra lo que se presuponía, y se había hecho creer a la opinión pública, no hubo enfrentamientos entre las dos movilizaciones y la prensa extranjera, una vez más, quedó sin el espectáculo de la caída de Nicolás Maduro que la oposición le había prometido.
Por otra parte, y pese a las advertencias del oficialismo venezolano, es muy difícil pensar en la intervención directa militar de los EE.UU. en los próximos acontecimientos. Pese a la proximidad de la IV Flota, pese a los insistentes pedidos de la oposición venezolana, pese a la evidente relación de los dirigentes opositores con figuras políticas y ongs norteamericanas, los EE.UU., como veremos a continuación, tienen suficientes problemas en distintas regiones del planeta como para lanzarse a una aventura militar en el continente suramericano. Un ejército unificado atrás de un proyecto político, una amplia base popular y el apoyo político, diplomático y hasta económico de las otras potencias del sistema multipolar son elementos disuasivos de cualquier sueño militar norteamericano.
El misterio Trump y sus contradicciones
Después de su asunción, el presidente Donald Trump continuó siendo objeto de una furibunda campaña de socavamiento de su poder y de desprestigo en la prensa internacional. Su enemigo fue identificado por distintos analistas como el “deep state”, el estado profundo norteamericano, los oscuros repligues burocráticos y sus vinculaciones corporativas que han decidido la política exterior norteamericana durante los últimos treinta o cuarenta años. A los distintos cambios experimentados en su gabinete, por presión parlamentaria o por acción conspirativa burocrática, debe sumarse el reciente acercamiento a China, objeto de su crítica durante la campaña, y el enfriamiento con Rusia, en sentido inverso de lo también anunciado antes de las elecciones.
Como sostienen Arnaud Blin y François Soulard en “Los naipes están sobre la mesa: Trump y el retorno de una realpolitik ortodoxa”1:
“A través de su política exterior, donde va a hacer sentir la potencia de los Estados Unidos, Trump intentará ganarse un apoyo del público estadounidense que le permita, eventualmente, amordazar al parlamento (recientes encuestas indican una opinión mayoritariamente favorable a las medidas de ataque aéreo a Siria en la población estadounidense)”.
Todo indica que su política intentará repetir el viejo “big game” de principios de siglo XX, intentando impedir una alianza permanente entre los otros dos grandes jugadores, Rusia y China. En medio de esos alejamientos y acercamientos, Trump consolida y asegura su alianza estratégica con Israel lo que significa un incremento de la amenaza sobre Irán, aliado muy cercano a Rusia en la política de Medio Oriente. La provocación a Corea del Norte, a su vez, lo acerca a un Japón que ha querido jugar con cierta independencia en el Extremo Oriente y obliga a China a actuar como garante del orden en la región.
A este cuadro se le suma el acercamiento a su vecino ruso por parte del presidente turco Erdogan, quien ha recibido un amplio apoyo en el plebiscito sobre el paso hacia un sistema presidencialista. A nueve meses del fallido golpe de estado, Erdogan ha visto afirmado su poder, justo en el momento en que sus relaciones con Rusia pasan por el mejor momento, mientras sus antiguos aliados -no muy confiables, por cierto- europeos se alejan espantados.
Todo ello hace evidente, como afirman los autores citados, que Europa no tiene un papel muy significativo en la visión internacional de Trump. La OTAN ha dejado de ser, por ahora, el instrumento militar preferido por EE.UU.
Esto convierte la escena internacional en un territorio muy lábil, en el que el desprecio de Trump a los mecanismos burocráticos de su propio país y su repliegue a un equipo muy íntimo y personalizado, pueden generar situaciones de alto riesgo en un terreno minado como el el Medio Oriente, donde están involucrados, de una manera u otra, Rusia, Israel, Irán y Europa, o sea, donde hay, con EE.UU., tres países con bomba atómica.
En esta perspectiva es que considero que la amenaza de intervención militar o de alto compromiso público de los EE.UU. en Venezuela no es una alternativa de alta probabilidad. Por otra parte, sería interesante saber qué opina el alto mando militar brasileño sobre una presencia militar norteamericana en sus fronteras, no ya como una base militar, sino como potencia invasora.
Buenos Aires, 20 abril de 2017